Temas del Bicentenario de 1812
JUAN JOSÉ CRESPO CASTILLO Y SU ACTUAR EN LA INSURRECCIÓN DE HUÁNUCO EN 1812
Por Cipriano L. Quispe Quispe [*]
Crespo y Castillo no fue precisamente uno de los caudillos que preparó la rebelión…[1]
Pensamos que la nueva historia de 1812 tiene que escribirse considerando los actores sociales y la participación de cada uno de ellos[2], además, se tiene que explicar con claridad el rol que jugaron los intereses particulares de los participantes.
Se hace necesario pensar en la actuación y responsabilidad por ejemplo de don Juan José Crespo Castillo desde el comienzo de sus actuaciones a fines de febrero de 1812. Quizá nuestras afirmaciones no concuerden con varios autores, pero empecemos por considerar el planteamiento que ha presentado el doctor Virgilio Roel Pineda en relación a la actuación de Crespo Castillo en compañía de la junta que le acompañó al asumir el mando en Huánuco el tanto el 26 febrero y como el 2 de marzo. Sigamos lo que dicta la cita:
La preocupación principal de esta junta se concentró en el apaciguamiento de los ánimos, en lugar de buscar su canalización hacia el establecimiento de un buen aparato defensivo, en previsión de la inevitable ofensiva enemiga, que a ojos vista se estaba preparando por el Virrey y el intendente de Tarma. Ello se pone de manifiesto en una comunicación que le remiten al vicesoberano de Lima los integrantes de la junta, en que hacen saber que han asumido el gobierno local únicamente por causa del vacío de poder ocasionado por la ausencia de las autoridades coloniales, y que su acción se orientaba fundamentalmente a buscar los medios de ponerle fin a la insurgencia. Lo grave de todo es que sus expresiones eran verídicas, y que con una conducta así ningún movimiento podía ser llevado al triunfo.[3]
La cita extensa nos muestra cual era la actitud de dicha Junta que estuvo encabezada primero por Domingo Berrospi y luego por Crespo y Castillo. Si uno observa con cuidado las afirmaciones de Virgilio Roel, podría decirse que la finalidad última de esta Junta era poner fin a la insurgencia.
Cae en la responsabilidad de Juan José Crespo Castillo el no haber organizado mejor a los alzados, juntamente con los vecinos notables, que cuando observan que sus propiedades son atacadas, hacen cambiar el rumbo de los planes iniciales que habían planteado los campesinos encabezados por sus alcaldes. Asimismo con la participación activa y comprometida de uno de sus comandantes el mestizo de Quera José Contreras, quien fue asesinado a sabiendas del grupo “pacificador” en Huánuco y siendo uno de los miembros de dicho grupo Juan José Crespo Castillo.
Además, esta sentencia de Roel Pineda está corroborada por los argumentos que presenta su hija del mismo Crespo Castillo quien en varias oportunidades asevera que su padre nunca estuvo comprometido de su propia voluntad en el asunto de los alzados y que tampoco poseía las capacidades para asumir tremenda responsabilidad. Sigamos unas líneas que presenta Petronila Crespo Castillo hija de don Juan José:
Veamos pues en nuestro proceso quales fueron circunstancias en que se hallaba mi Padre para franquearse a ser caudillo de los revolucionarios; en primer lugar tiene vuestra alteza a un hombre quasi octogenario privado muchos años ha, de resultas de la gravísima enfermedad de tabardillo que padeció, de un juicio acertado y maduro, habitualmente achocoso, y de un alcance muy limitado, en segundo que inclinados los indios sin duda con estos antecedentes á elegirle por cabeza de aquel tumulto, no solo le proclaman tal, sino que le amenazan con la pérdida de la vida, sino acepta el cargo…[4]
Si estas declaraciones son verdaderas y las declaraciones de los testigos que se presentan en defensa de Crespo Castillo, -que en oportunidad no muy lejana se estudiará con amplitud- entonces podemos colegir que estamos ante una Junta encabezada por un hombre que no tenía las capacidades, ni los requisitos mínimos para encabezar a los alzados.
El fracaso del alzamiento de los campesinos entre otros factores[5] se debe fundamentalmente a la carencia de un líder conductor. Si la declaración es correcta y los alzados lo eligieron como su jefe lamentablemente se equivocaron o podría pensarse que optaron por el “mal menor para su proyecto revolucionario.”[6] Es decir, que fue una elección fatal ya que días después los conduciría a una derrota segura como la ocurrida el 18 de marzo, que muy poco se hace mención cuando se prosa sobre Crespo y Castillo. En aquel encuentro desigual donde los españoles sólo tuvieron “tres heridos” o cinco casi sin consideración, mientras que en las fuerzas insurgentes reinó el desorden[7] y la total ausencia de estrategias, pérdida de muchas vidas, heridos y apresados, que definitivamente es responsabilidad de los líderes.
Caso similar se puede observar en la actuación de uno de los conductores de los insurgentes José Rodríguez.
Después de la toma de la ciudad de Huánuco (22-23 de febrero) por los campesinos alzados del Partido de Panatahuas y chupaychus, se da el primer encuentro con las tropas españolas en la localidad de Ambo el 5 de marzo de 1812 en donde dentro de la tropa insurgente había “60 muertos casi todos indios.”[8]
Allí no sucumbió ningún español, salvo algunos heridos que tuvieron el tiempo suficiente para escapar algunos hacia Chaucha y otros hasta Huariaca. Una vez abandonada el pueblo de Ambo por los españoles, los insurgentes ingresaron a dicho pueblo e iniciaron a saquear no sólo ahí sino que también en otros pueblos se actuó igual (Huacar, Pallanchacra y otros). Los insurgentes no llevaron hasta las últimas consecuencias en esta ocupación por carecer de un mando preparado y decidido en romper por completo con los “chapetones” o en todo caso tuvieron intereses encontrados, con la intención y decisión que habían tomado los campesinos por ello impidieron que los actos se lleven hasta las últimas consecuencias. Leamos por unos momentos lo que una cita dicta a la letra:
En Ambo pretendieron romper las puertas de la Iglesia, en busca de chapetones y armas, pero el comandante Rodríguez, su jefe, hizo valer su autoridad, haciéndoles desistir.[9]
Entonces aquí hay un asunto clave que nos muestra que existe una contradicción en el actuar de los alzados y el comando. Las actitudes mostradas de esa manera no obedecen a estrategias en tiempos de guerra y peor aun cuando se tenía que enfrentar a un ejército profesional como el comandado por el Intendente de Tarma Joseph Gonzáles de Prada.
Ad portas del Bicentenario del alzamiento campesino ocurrido en 1812, se hace necesario poner en debate la explicación de los acontecimientos que han ocurrido cerca de 200 años atrás, considerando el actuar de los diferentes grupos. Tarea que debe iniciarse analizando el comportamiento de los dirigentes que no supieron asumir su responsabilidad en acorde a las circunstancias. Es tiempo de desempolvar datos y corregir la historiografía oficial y repetitiva a la que estamos acostumbrados.
[1] Ordoñez Salcedo, Samuel. Semblanza de Juan José Crespo Y castillo: Líder de la revolución de 1812. En: Los precursores olvidados. Huánuco: Cooperativa de Crédito “San Francisco”, 1972. p. 113.
[2] Nieto Bonilla, Víctor. Control Político, sectores sociales y la revolución de 1812. Lima: Fondo Editorial Cultura Peruana, 2004. Pp. 51-59.
[3] Roel Pineda, Virgilio. Conatos, levantamientos, campañas e ideología de la Independencia. En: Mejía Baca, Juan (Editor) Historia del Perú. T. VI. Lima Editorial Juan Mejía Baca, 1980. p. 103. (Negrita nuestro).
[4] Crespo y Castillo, Petronila. En: Colección documental de la Independencia del Perú: La revolución de Huánuco, Panatahuas y Huamalíes de 1812. Tomo II. Vól. 4º. Lima: Editorial Universo S. A., 1972. p. 135.
[5] Nieto Bonilla considera la superioridad de las armas de los españoles en contraposición de las de los insurgentes. (Ibíd. p. 119).
[6] Vidal Roldán, Róger. La noche más larga de Huánuco: 22 de febrero de 1812 (Ensayo histórico). Huánuco: Industria Gráfica Planeta, 2005. p. 178.
[7] Jadó, Pedro Angel. Relación de la revolución de León de Huánuco, de 1812, por el Dr. Pedro Angel Jadó, cura español de la doctrina de Huariaca. En: Colección documental de la Independencia del Perú. Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX: La revolución de Huánuco, Panatahuas y Huamalíes de 1812. Tomo III, Vól. 4º. Lima: Editorial Universo S. A., 1972. pp. 213-214. Y parte de Gonzáles de Prada fechada en Quicacán, 18 de marzo de 1812.
[8] Ordoñez Salcedo, Samuel. Ibíd. p. 115.
[9] Ibíd. p. 116.
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